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| Californa 1957 - Ralph Crane |
Se borran las caras de mi memoria
se desvanecen de mi bestiario,
por eso las anoto, pues no pinto,
defino las formas, describo colores,
destaco virtudes, a veces defectos,
y todo para nada porque pierdo su esencia,
la aureola que les rodeaba, su alma.
Pizpireta mi mente no se encuentra
pues largo es este laberinto
cruzándome a diario con cientos
que buscan, como todos, la salida,
por eso no puedo acordarme de todos,
porque son muchos, cientos de miles,
desde el inicio, imaginad cuantos.
Releo lo escrito y me veo al espejo,
donde relato con total precisión
algo que me ha dejado perplejo,
pues hablo de mí mismo sin pudor,
me defino, me destruyo con el tiempo,
no me he cruzado con absolutamente nadie,
he vagado por este entuerto de calles,
solo.
Un día cualquiera encontré la salida
que daba a otro laberinto, otro galimatías,
allí por fin me encontré con otra gente
que había dejado atrás el suyo,
olían ha pasado
estaban en su presente
camino del futuro,
seguían buscando,
no se sabe bien qué.
Hablando con ellos soy consciente
que mi memoria esta perfecta
que no escribía, que pintaba,
por eso ahora cuando veo mi obra,
siempre es la misma imagen,
de alguien cerrando la puerta
de su encrucijada mental,
saliendo de su cuarto oscuro,
entrando en su cuarto oscuro,
único sitio seguro,
dentro de esta locura
del diabólico juego
donde no hay palabras,
si mucha música de fondo
de un crucigrama
sin solución
llamado vida.















