Voy sin reloj por la vida
abandonándolo todo
dejando solamente espacios,
huecos vacíos,
llenos de hiedra,
que me trepan
que me atrapan,
aires de mar
que me atraviesan,
como obsesiones,
tenue es su brisa.
Circulo sin manecillas,
números que no cuentan,
marcapasos sin corazón
que marca las horas
de un tiempo que fue
de un pasado no vivido
que hace mucho se ha ido.
Ribadeo te contemplo
con ese sol ausente,
sin reloj,
varada en el tiempo
de un edificio viejo,
cidade fermosa,
atemporál,
fronteira de tres mundos
tanto que dicir dela
que quédome mudo
nela morre o tempo
nela nace a vida,
Galiza.

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